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jueves, 20 de diciembre de 2012

La economía del ‘sentido’ común


En el arranque de la actual crisis económica hubo algunas voces que se alzaron desde el mundo de la economía, la filosofía y la política para denunciar los graves abusos especulativos y los comportamientos poco éticos por parte de empresas y particulares, que habían conducido sin remedio a la situación ya por todos conocida. Esas voces reclamaban un cambio de modelo económico y productivo, que había de inspirarse también en un cambio de los valores que debían regir la sociedad para evitar repetir los mismos errores.

Con el tiempo esas voces han ido desfalleciendo. La vergonzante penuria por la que muchas personas atraviesan no está sirviendo de acicate suficiente para un mayor movimiento social de reivindicación que fuerce un cambio. El capitalismo está fuertemente inoculado en nuestra sociedad, en nuestras relaciones, en nuestro planteamiento de vida. Ha supuesto, es cierto, una gran generación de riqueza en las últimas décadas, pero ha generado también tal desigualdad entre países, entre personas, que resulta difícil defender la sostenibilidad de dicho modelo tal cual hoy lo conocemos dentro de un discurso sincero de responsabilidad social.

El sistema es imperfecto, de eso no cabe ninguna duda. Los discursos que desde las teorías neoliberales sacralizan precisamente la libertad del individuo para labrarse su propio futuro y que denostan la intervención del Estado para corregir los desequilibrios y desigualdades que indefectiblemente el libre mercado genera son los mismos que ahora piden los rescates a la banca. Y este es solo un ejemplo de las incoherencias existentes.



La discusión, sin duda, está servida, pero es en el debate de las ideas donde debemos buscar la respuesta para llegar a algún tipo de acción. Ha de ser un debate con altura de miras, eso sí; no vale eso de rechazarlo sin más porque el poder económico o los mercados no van a permitir que nada cambie, porque también en otros momentos de nuestra historia acabaron por caer otras estructuras en apariencia inamovibles poco antes.

Hace apenas dos años, Christian Felber, profesor de la Universidad de Económicas de Viena, planteó su alternativa a tanto desatino: La economía del bien común, un modelo económico completo basado en la cooperación, que se ha convertido ya en un bestseller (www.economia-del-bien-común.org) en Austria y Alemania y ha logrado ya tres ediciones en nuestro país (con permiso de las dichosas 50 Sombras de Grey). Felber, un maldito loco para unos y un genio para otros, propone hacer converger el capitalismo hacia los valores y principios éticos consagrados en las constituciones de las democracias occidentales como la dignidad humana, la justicia, la igualdad o la promoción y consecución del interés general. Propugna, así, incentivar a las empresas que se comporten de manera más cooperativa, más democrática, más solidaria, más ecológica y responsable mediante ventajas legales, fiscales, en el acceso a contratos públicos, a créditos blandos, etc. Por el contrario, se aplicarían impuestos y aranceles mayores a aquellas que menospreciaran los valores del bien común o produjeran en países o regiones donde no se respetan los derechos laborales básicos, o donde se esquilman los recursos naturales.

Felber llena así de valores la economía, proponiendo otra manera de construir las relaciones económicas, en la que se prima más que el dinero, el beneficio general que se revierte en el entorno. Ya hay 700 empresas que están poniéndolo en práctica y 45 organizaciones cívicas de Austria, Alemania, Suiza, Liechtenstein, Argentina, Honduras, EEUU, Gran Bretaña y España. En nuestra propia Comunidad, Muro de Alcoi, ya se ensayan iniciativas en este sentido. Hay mucho de esto en las cooperativas, a cuyo modelo empresarial podríamos acuñar desde aquí como un modelo empresarial del bien común.

Deberíamos, al menos, pararnos a pensar en todo esto: políticos, empresarios, trabajadores, consumidores, personas... Espolear a nuestros políticos a que sean receptivos a las esencias de este sistema, exijamos como ciudadanos y consumidores un modelo económico más equitativo. Creer en nuestra capacidad para cambiar las cosas y hacer de nuestra sociedad un lugar más habitable para las personas. ¿Acaso no es de sentido común?


Ana Real Sebastián                        ana.real@fevecta.coop

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Historias de aparcamientos y teorías X - Y

Douglas McGregor, en su obra El lado humano de las organizaciones (1960), describe dos formas de pensamiento en los directivos a las que denominó "Teoría X" y "Teoría Y". Son dos teorías contrapuestas de dirección:
La teoría X  presupone que el trabajador/a es pesimista, estático, rígido y con aversión innata al trabajo, evitándolo si es posible. El directivo piensa que, por término medio, los trabajadores son poco ambiciosos, buscan la seguridad, prefieren evitar responsabilidades y necesitan ser dirigidos. Y considera que para alcanzar los objetivos de la empresa, él debe presionar, controlar, dirigir, amenazar con castigos y recompensar económicamente. ¿Mouriño?
La teoría Y, por el contrario, se caracteriza por considerar al trabajador/a como el activo más importante de la empresa. A los trabajadores se les considera personas optimistas, dinámicas y flexibles. El directivo piensa que, por término medio, los trabajadores ejercen autodirección y autocontrol al servicio de objetivos con los que se sienten comprometidos. Las personas aprenden a aceptar y a buscar responsabilidades, son maduras y responsables y ponen su creatividad en la solución de problemas. ¿Guardiola?

Está claro que en las cooperativas todos son de la teoría Y, aunque muchas veces, dirigentes de cooperativas me dicen “yo confío en mis socio, pero…”
Ese pero oculta una forma de pensar en la que posiblemente se esté más de acuerdo con la teoría X que con la Y.
Pensando sobre este tema me vinieron al pensamiento dos historias que, de alguna manera, pueden estar relacionadas con estas teorías.
Historia parking
Francisco era dueño de su propio negocio y, durante los últimos meses, había detectado problemas continuos de puntualidad entre sus empleados.
Ante la imposibilidad de cambiar la situación, contactó con un asesor externo.
La empresa tenía un amplio parking propio, ya que en la zona existían muchos problemas para encontrar aparcamiento por la mañana.
El asesor, sin llegar a hablar con los empleados, le dijo que eso tenía fácil solución y se puso a trabajar en ello. La puntualidad empeoró durante los primeros tres días, aunque de forma casi milagrosa experimentó una mejora notable en las jornadas siguientes, hasta resolverse totalmente.
El parking contaba con 20 plazas para 15 empleados. Ahora se habían puesto unas vallas y se habían reducido a 10 plazas.
Con el cambio, los trabajadores se daban prisa para asegurarse una plaza, porque de no lograrlo tendrían que buscar sitio por la zona.  Por eso ahora llegaban pronto para no quedarse sin plaza.

Historia de un ingeniero Argentino que trabaja en la Volvo
La primera vez que fui para Suecia, en 1990, uno de mis colegas suecos me recogía del hotel todas las mañanas. Estábamos en el mes de septiembre, con algo de frío y nevisca.

Llegábamos temprano a la Volvo y él estacionaba el coche muy lejos de la puerta de entrada (son 2.000 empleados que van en coche a la empresa). El primer día no hice comentario alguno, tampoco el segundo, o el tercero.

En los días siguientes, ya con un poco más de confianza, una mañana le pregunté a mi colega: "¿Tienen ustedes lugar fijo para estacionar aquí?, pues he notado que llegamos temprano, con el estacionamiento vacío y deja el coche al final de todo...".

Y él me respondió simplemente: "Es que como llegamos temprano tenemos tiempo para caminar, y quien llega más tarde, ya va a llegar con retraso y es mejor que encuentre lugar más cerca de la puerta. ¿No le parece?" Imaginen la cara que puse.

En el día a día, en nuestras cooperativas los socios/as toman decisiones que están influenciadas por su forma de pensar y esta forma de pensar responde en esencia a si nuestro objetivo es satisfacer necesidades individuales por encima del bienestar del grupo, o por el contrario pensamos en el bien común y de paso satisfacemos nuestras necesidades individuales.
En este sentido la naturaleza, que dicen que es muy sabia, ha demostrado que, a corto plazo, “ganan” los depredadores, pero que a largo plazo “ganan” los cooperadores.
¿Tú qué tipo de socio eres?

Pepe Albors                  p.albors@fevecta.coop

jueves, 29 de noviembre de 2012

CAPITALISMO - SOCIALISMO - ECONOMÍA SOCIAL


Cualquier doctrina política se origina desde la economía, ciencia a la que se atribuye la función de decidir cómo se han de producir los bienes y servicios que necesita una comunidad,  y cómo se ha de distribuir el trabajo y la riqueza generada.
En pleno siglo XXI, azotadas las economías occidentales por una gran crisis económica, nos planteamos si el sistema capitalista de libre mercado está siendo capaz de seguir generando riqueza económica o, por el contrario, las contradicciones internas del propio sistema  están devorando al mismo.

El capitalismo ha puesto el énfasis en la creación de riqueza, en base a establecer una gran recompensa para quien la ha generado o ha participado activamente en su generación, especialmente desde la óptica del capital invertido.

El socialismo ha incidido más en la importancia de realizar un reparto más justo de la riqueza generada, lo que ha hecho que en ocasiones se desaliente el estímulo de la recompensa y, consiguientemente, la generación de riqueza haya ido a la baja. En muchas ocasiones, un reparto  excesivamente igualitario ha desmotivado a la persona  emprendedora y ha hecho que no le merezca la pena el esfuerzo y riesgo en que puede incurrir, en relación a los supuestos beneficios a obtener.


Las  democracias occidentales son básicamente estados sociales de derecho donde se está intentado, desde la  libertad de empresa y el libre funcionamiento del mercado, generar riqueza. El estado, a través de los impuestos y regulaciones legislativas, pone freno a los posibles abusos que se pueden generar, al tiempo que procura atender las necesidades sociales de todos y, especialmente, de los más desfavorecidos.

Ha sido la democracia y el consiguiente desarrollo de las clases medias, lo que ha permitido al sistema capitalista adaptarse a un sistema más social y de ese modo poder sobrevivir.
Pero los valores que sustentan al sistema Capitalista: libre mercado, libertad de empresa, el capital es el que contrata al trabajo, maximización del beneficio y los valores negativos asociados al mismo como especulación, explotación de la mano de obra, dictadura económica …,  son los que han ocasionado las crisis económicas que, como la actual, está generando una mayor desigualdad, dándose la paradoja de que las personas ricas cada vez lo son más, las clases medias se están empobreciendo a marchas forzadas y las clases bajas están ya en situación de exclusión social.

Hoy en día constatamos la existencia de la gran tensión que hay entre MERCADOS (insaciables éstos, buscando la máxima rentabilidad) y la POLÍTICA, intentando poner freno a los abusos y procurando que no se genere más desigualdad.

Es evidente que en España y en las democracias occidentales, de momento ganan por goleada “Los mercados” y pierden las personas, con la consiguiente precarización del mercado de trabajo, el aumento de la desigualdad y la pérdida de la protección social.

Una solución es posible: La economía social y cooperativa, y la Responsabilidad social empresarial.

Frente al panorama descrito anteriormente creo que caben soluciones, y éstas pasan por potenciar la economía social y la responsabilidad social de la empresa.

La economía social ha demostrado:

- Tener una dimensión social, al surgir con la disposición de generar actividades que reviertan en la creación de empleo estable, sobre todo entre aquellos grupos que han quedado excluidos del mercado laboral o tienen dificultades para incorporarse o permanecer en él.

 - Tener una necesaria dimensión económica para sostener las iniciativas empresariales y de empleo en el medio local, y que haga viables sus proyectos empresariales.

- Poseer un carácter local, ya que sus acciones se circunscriben a un territorio determinado que, en gran parte de los casos, coincide con el propio municipio. Las empresas de Economía Social consideran la comunidad local como ámbito territorial de actuación prioritario.

En mi opinión, la economía social y la empresa cooperativa aúnan las ventajas que tienen los dos sistemas económicos: por un lado, el estímulo en la generación de riqueza y consecución de beneficios, es decir, potencia la competitividad externa y la productividad (si no hay empresa no hay cooperativa) y por otro lado la solidaridad interna, la distribución equitativa, y la participación democrática en igualdad.

Por todo ello, la cooperativa se vislumbra como la fórmula empresarial más adecuada para la consecución de un desarrollo económico, social y humano sostenido.

Pepe Albors                             p.albors@fevecta.coop

PREJUICIOS RESPECTO A LA EFICIENCIA Y EFICACIA DE LAS COOPERATIVAS


En muchas ocasiones he escuchado por parte de empresarios de empresas de capital y de personas que no creen en el cooperativismo, que las cooperativas son ineficientes, “que ahí quieren mandar todos y no hay nadie que mande, y que para tomar una decisión son lentos, ya que tiene que reunirse en Asamblea y/o Consejo Rector y ponerse de acuerdo y al final se pierde mucho tiempo”. Dicen que en una empresa de capital el “jefe” toma decisiones rápidas sin perder el tiempo y que la solución a un problema rápidamente se pone en marcha.

Me pregunto, ¿es acertada esta crítica?

Es posible que esta critica sea acertada en algunas cooperativas que tiene inadecuados modelos de funcionamiento, pero la realidad es que en otras muchas cooperativas que han profundizado en el modelo democrático de funcionamiento, los niveles de eficiencia en el proceso de tomas de decisiones y su implementación, las hace ser más eficaces que las empresas de capital.

Voy a exponer un ejemplo real de dos empresas que participaban en un proyecto de implantación de un sistema de calidad, una de las cuales es cooperativa y otra es una empresa de capital. En las reuniones que se realizaban con los técnicos del Instituto Tecnológico, que eran los responsables de asesoramiento en la implantación del sistema de calidad,  a la que asistían el dueño de la empresa de capital y el gerente de la cooperativa, cada vez que por parte de los técnicos marcaban las tareas que había que acometer, el dueño de la empresa de capital decía “no hay ningún problema, mañana mismo ordeno las cosas que hay que hacer y nos ponemos hacerlas”. Por el contrario, el gerente de la cooperativa decía: “mañana lo hablaré con mis socios y nos pondremos en la tarea de ponerlas en marcha”.

Yo veía que los técnicos del  Instituto pensaban: aquí hay dos empresas una que tiene las cosas claras y otra que todo lo tiene que hablar y consultar con sus socios. Seguro que a la hora de conseguir la certificación, la empresa de capital lo hará mucho antes que la empresa cooperativa. Pues bien, la realidad ha sido justo la contraria, la empresa cooperativa consiguió la certificación en un plazo razonable y la empresa de capital finalmente desistió.

¿Cual fue la clave, a mi modo de ver, del éxito en la implantación del sistema de calidad en la cooperativa? En la cooperativa hubo que tomar la decisión consensuada  de implantar un sistema de calidad y hubo que argumentar y convencer a todas las personas socias de la importancia de poner en marcha este sistema. Esto llevó cierto tiempo conseguirlo, pero a partir de ahí todo el personal de la cooperativa estaba “implicado”, formaba parte de la solución y no del problema. Por el contrario, hablando posteriormente con el dueño de la empresa de capital, nos decía que la decisión estaba tomada, pero que los/as trabajadores/as y algunos mandos intermedios eran reacios a cambiar el sistema de siempre y que, por qué tenían que cambiar, que si se lo mandaban y no había más remedio que lo harían, que ellos eran trabajadores y hacían lo que les mandaban. La realidad era que no estaban implicados, no eran parte de la solución, empezaron a formar parte del problema. Finalmente, no consiguieron certificarse en un sistema de aseguramiento de la calidad y encima les costó bastante tiempo y dinero.

Este es un caso concreto que nos puede servir para desmontar las acusaciones que se hacen al modelo cooperativo, de ineficiente y lento en el proceso de toma de decisiones.

Podríamos decir consiguientemente que las dictaduras son más eficaces que las democracias porque son capaces de tomar decisiones con mayor celeridad, ya que no hay que reunir parlamentos para que tomen decisiones. Creo que casi nadie suscribiría esto y, sin embargo, acusan a las empresas cooperativas, cuya base y filosofía es la democracia participativa en igualdad, de ser empresas ineficientes. Realmente lo importante es la eficacia, el conseguir que  los objetivos se alcancen, y creo que sin lugar a dudas muchas cooperativas han sido capaces de ser más eficaces en algo fundamental, en conseguir condiciones dignas de trabajo con altos niveles de productividad empresarial que garantiza la viabilidad del proyecto empresarial en el largo plazo con niveles de satisfacción altos de las personas que lo llevan a cabo y todos esto con valores propios del cooperativismo: la democracia participativa en igualdad y la cooperación y la solidaridad entre sus miembros


Pepe Albors                   p.albors@fevecta.coop

martes, 20 de noviembre de 2012

Cooperativas: salgan del armario




Hace unos días, mientras leía una entrevista a la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), no sé cómo, me sorprendí pensando en las coincidencias que el movimiento social al que representa Boti García Rodrigo tiene con el de las cooperativas. Oír hablar de lucha por la igualdad, de reivindicar derechos, de romper armarios… me ha traído a la cabeza muchas ideas recurrentes que tienen que ver con la situación del sector empresarial cooperativo en el marco de una economía de mercado que tolera, pero mira con cierto desdén, a ese pequeño grupúsculo empresarial que se reivindica como otra forma de hacer empresa.

Vamos, que son menos y diferentes, pero no por ello son menos iguales que las demás empresas. Y, ahí está la clave de este razonamiento. Las cooperativas son menos, sin duda. Y diferentes, sí, es cierto, porque les guían unos principios (democracia económica, participación igualitaria, reparto equitativo de los beneficios, libertad de entrada y salida, obligación de destinar una parte de los excedentes a la reinversión y a la formación de las personas trabajadoras, generar puestos de trabajo en las mejores condiciones posibles…) que han motivado que les rija una legislación diferente, derivada de su especial naturaleza y de los compromisos y aportaciones diferentes que realizan a la sociedad.
Y, de ahí, también, la existencia de unos beneficios fiscales y económicos, que se han ido descafeinando con el tiempo y que han dejado de servir a la finalidad incentivadora para la que se concibieron.

Pues bien, dejemos ya de aceptar como normales situaciones que a la postre son discriminadoras. Que se les dé un trato injusto por insuficiente no quiere decir que se deba aceptar. En estos tiempos de crisis económica y de valores, de repensarlo todo porque ningún esquema parece ya responder a aquello para lo que se concibió, reclamen su lugar en el mundo. Pidan ser tratados en igualdad. Lo que en el caso de las cooperativas no es otra cosa que pedir que se actualice de una vez una legislación que les discrimine de manera positiva, como corresponde a una forma de empresa que fomenta la democracia económica y la igualdad entre las personas, y ha destruido menos empleo que nadie en esta crisis.

Por favor, cooperativas: salgan del armario. Reivindíquense ustedes y celebren el orgullo de ser diferentes. ¡Qué menos!

Ana Real                        ana.real@fevecta.coop

domingo, 4 de noviembre de 2012

DEMOCRADURA

La esencia de la democracia está dada por la libertad y la igualdad, por esa razón decimos que las cooperativas son empresas democráticas. Pero, muchas veces este término puede ser malinterpretado en la práctica, especialmente en lo que significa dirigir y gobernar una cooperativa.

Dirigir  cuenta con dos componentes básicos: El proceso de toma de decisiones y la ejecución de las decisiones tomadas. Podríamos decir que:

Dirigir = 50% decidir + 50% ejecutar

Una buena forma de gobernar en las cooperativas es aplicar la DEMOCRADURA, es decir democracia en la toma de decisiones y “dictadura” en la aplicación de las mimas.

Conozco muchas cooperativas que toman muchas decisiones  democráticamente, pero que a la hora de ponerlas en práctica éstas “duermen el sueño de los justos”, es decir, que en la práctica no se llegan a poner en marcha o se hace de forma deficiente o lenta. Cuando ocurre esto, se suele caer en la participacionitis: nos reunimos, nos pasamos el tiempo discutiendo, el nivel e implicación en las mismas es bajo y acabamos adoptando decisiones que luego no llevamos a cabo.

Lo importante en la cooperativa es tomar decisiones que sean eficaces y eficientes tanto en el corto como en el largo plazo. Para ello, es necesario que en la decisión haya intervenido el conjunto de los miembros de la cooperativa y que la decisión sea de CONSENSO, es decir, que cada una de las personas que ha intervenido en la misma, la asuma como propia y la respalde, a pesar de las discusiones habidas en el proceso.

Una premisa fundamental es el respeto mutuo que ha de haber en el  proceso de la toma de decisiones. Yo suelo comentar a las cooperativas que la Asamblea sólo pueden votar tres cosas: o SÍ, o SÍ o SÍ.
 
La democracia es el poder de la mayoría, pero en la cooperativas la democracia efectiva es la de llegar a soluciones únicas de consenso.

Conozco cooperativas que ante decisiones estratégicas para la organización, éstas  se tomaron con un 70% u 80% de votos a favor y entre un 20% o 30% de votos en contra. Y esto, siendo una buena mayoría, supuso el principio del fin de la cooperativa, ya que a partir de ese momento el grupo minoritario que no estuvo de acuerdo con la decisión tomada nunca la apoyó y, en cierta medida, trabajó en contra de la decisión tomada (consciente o inconscientemente). Esto hizo que el nivel de conflicto y de ineficiencia aumentase, llegando a afectar al nivel de productividad y causando con el tiempo la consiguiente desaparición de la cooperativa.


Por eso, debemos esforzarnos en llegar a soluciones en las que todos se sientan comprometidos, y esto siempre es posible. Debemos utilizar la creatividad que tiene un grupo de personas que persigue un objetivo común para encontrar la solución en la que, de alguna manera, todos nos sintamos representados.

Afortunadamente o lamentablemente, cuando formamos una cooperativa no sabemos muchas cosas necesarias para ejercer la democracia de una forma efectiva, pero lo podemos aprender, y en esto FEVECTA lleva más de 20 años formando a las personas de las cooperativas en las habilidades necesarias (sociales, empresariales, de  innovación y creatividad) para que algo tan importante como el ejercicio pleno de la democracia en la cooperativa lo podamos llevar a cabo con la eficacia y eficiencia que hace que las empresa cooperativas sean un paradigma organizativo y de empresa.

Pepe Albors                 p.albors@fevecta.coop

martes, 1 de mayo de 2012

DECONSTRUCCIÓN COOPERATIVA

En el año 2002 Peter Drucker lanzaba la idea de que las empresas competían, ya no con productos, sino con modelos empresariales. Dichos modelos nacían de la innovación y eran más competitivos cuanto más intensa fuera la misma.

En este sentido, podríamos decir que la empresa cooperativa se configura como un modelo innovador donde la participación en igualdad, la persona como centro de la activad económica y la cooperación, son los ejes sobre los que se articula su propuesta de modelo de empresa.

Este verano pasado Ferran Adrià ha cerrado las puertas de su restaurante elBulli por dos años, para continuar experimentando y evolucionando en su cocina. Está considerado como uno de los mejores chefs del mundo y uno de los más innovadores;  es conocido por hacer de la deconstrucción todo un arte y de elBulli, el restaurante más famoso del mundo.

Pero, ¿cuál es la filosofía y valores que están debajo de su propuesta gastronómica?

A Ferran Adrià y a su restaurante elBulli no le interesa la perfección de las preparaciones clásicas, sino la creación de otras nuevas, usando la ciencia como suministradora de información y de ideas, y la metodología científica como pauta. En la cocina de elBulli, la idea es que los platos no sólo te gusten por su sabor, color, textura- el placer puramente gustativo sensorial – sino que también tengan un plus de reflexión intelectual, es decir, que nos haga reflexionar sobre el hecho gastronómico, los placeres y la vida misma.  A esta tendencia culinaria se la ha denominado cocina tecnoemocional.

Yo me atrevería a decir que la cooperativa podría ser considerada en ese sentido como una empresa tecnoemocional, ya que tiene una orientación hacia las personas y su bienestar.

En el 2006 se hizo público un documento síntesis de la cocina de elBulli de 23 puntos. He querido resaltar tres puntos por lo que tienen en común con los principios cooperativos:
  • 3. Todos los productos tienen el mismo valor gastronómico, independientemente de su precio. 
  • 12. Se crea en equipo. Por otra parte, la investigación se afirma como nueva característica del proceso creativo culinario.
  • 23. El conocimiento y/o la colaboración con expertos de los diferentes campos (cultura gastronómica, historia, diseño industrial, etc.), es primordial para el progreso de la cocina. En especial, la cooperación con la industria alimentaria y la ciencia han significado un impulso fundamental. Compartir estos conocimientos entre los profesionales de la cocina contribuye a dicha evolución.

Como vemos, la base de la cocina de Ferran Adrià tiene mucho que ver con la democracia, la igualdad, el equipo, la cooperación, la formación, etc., conceptos que forman parte de los principios cooperativos y, sobre estos fundamentos, Ferran Adrià se ha convertido en el cocinero más innovador y seguido del mundo.

Dibujo: Jose Real

Innovación y deconstrucción

La innovación es una necesidad de toda organización moderna y parte esencial de la estrategia global de la empresa para concebir la creación y obtener una ventaja competitiva.

Sólo por el hecho de ser cooperativa no vamos a garantizar el ser una empresa innovadora. Debemos profundizar en nuestros principios cooperativos para desarrollar nuestro modelo de empresa. Los principios fueron enunciados en el siglo XIX y siguen siendo válidos, pero hemos de conjugarlos con nuestro modelo de empresa y, manteniendo la esencia de los mismos, innovar en nuevas formas organizativas que nos permitan seguir consiguiendo ventajas competitivas. Debemos reinventarnos como cooperativas, debemos deconstruirnos como cooperativas.

La deconstrucción consiste en aislar los diversos ingredientes de un plato, generalmente típico, y reconstruirlo de manera inusual, de tal modo que el aspecto y textura sean completamente diferentes mientras que el sabor permanece inalterado. Ferran Adrià

Pepe Albors
p.albors@fevecta.coop