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jueves, 14 de marzo de 2013

Emprendimiento, Educación y Formación

Desde hace tiempo se viene hablando de la ley del emprendedor, y parece ser que en breve es posible que se publique.

Por lo que conocemos de ella, se va a hacer hincapié especialmente en favorecer el emprendimiento en las personas desempleadas.


En mi opinión, donde realmente hay que poner un mayor énfasis, es en el de fomentar el espíritu emprendedor desde las etapas educativas  de primaria y secundaria.


La escuela es un espacio compartido y plural, cuya finalidad es formar al ciudadano para vivir en la sociedad, donde el alumno tiene que encontrar valores como: autonomía, responsabilidad, libertad, amplitud de miras, diálogo, saber compartir, iniciativa, asumir riesgos, opinión personal, inferir y transferir ideas, valorar otras ideas, aprender a evaluar, aprender la riqueza del pluralismo... valores, todos ellos, necesarios para vivir su vida adulta y asumir su lugar en la sociedad.



Es decir,  la escuela debe preparar a los futuros ciudadanos para vivir en sociedad.

Pero un elemento fundamental para insertarse en la sociedad, es hacerlo a través de la inserción en el mercado laboral. En este sentido, la inserción en el mercado laboral la podemos hacer de tres formas diferentes; accediendo a la función pública, como trabajadores asalariados, o como empresarios.


Vivimos en un estado social de derecho, donde la fórmula económica consagrada en nuestra Constitución es la libertad de empresa en el marco del libre  mercado. Dentro de los grandes modelos organizativos de la sociedad podemos destacar El capitalismo  y El socialismo. 
Cada uno de los modelos tiene ingredientes que lo hacen atractivo; el capitalismo pone énfasis en la creación de riqueza. El socialismo en el reparto de la misma. El capitalismo no atiende sobradamente a los desfavorecidos, mientras que el socialismo no premia sobradamente a las personas emprendedoras. Por ese motivo, si nuestro sistema productivo pone más énfasis en uno de los modelo que en el otro, se generan desequilibrios que al final acaba pagando una parte de la sociedad.

En estos momentos estamos viviendo una crisis económica  de magnitudes  considerables, y la respuesta que se está dando desde las economías occidentales es la de apostar por la reactivación económica a costa de flexibilizar al máximo las relaciones laborales. Es decir, hemos apostado por un ajuste vía salarios para ser más competitivos y para retornar a la senda del crecimiento y creación de riqueza.


La pregunta, cuya respuesta nos puede hacer más competitivos, no es ¿cómo deben ajustarse los salarios?, sino ¿cómo podemos ser más competitivos? Y todo aquel que quiera ser parte de la solución debería tratar de responder a esta pregunta.


Para ser más competitivos debemos ser más innovadores. “La innovación no asegura el éxito, pero la falta de innovación sí asegura el fracaso”.


Otro requisito para la mejora de la competitividad, es apostar por la iniciativa emprendedora, y en estos momentos España se sitúa a la cola de Europa en este aspecto.


Es por eso que debemos formar a nuestros jóvenes en el fomento del espíritu emprendedor.


¿Pero qué modelo de actitudes emprendedoras debemos potenciar desde la escuela? ¿La de la competitividad exacerbada y depredadora donde sólo se pone el énfasis en enriquecerse a costa de lo que sea? ¿Se supone que ésto generará al final riqueza para todos? ¿Tal vez por el contrario debemos apostar por la creación de riqueza en el marco de la responsabilidad social, donde se ponga el énfasis en la generación de riqueza y su distribución solidaria  para todos los que han contribuido a su generación?


En mi opinión, creo que en estos momentos el único modelo económico productivo que puede mantener un desarrollo sostenible de creación de riqueza a largo plazo es el de la ECONOMÍA SOCIAL.


La naturaleza, que es muy sabia o eso dicen, nos ha demostrado que A corto plazo ganan los depredadores, pero a largo plazo ganan los cooperadores. 

Pues en el mundo de la economía es el momento de  los cooperadores.

Desde la economía social tenemos la responsabilidad de ofrecer y difundir nuestra manera de entender el hecho económico, así como formar a los futuros ciudadanos de este país en actitudes y competencias emprendedoras que tengan como base el emprendimiento en grupo, y el emprendimiento social.


Emprender en grupo es más rentable, por dos razones muy simples; en primer lugar, el fundador solitario no sabe “de todo” y en segundo lugar, es probable que tarde o temprano éste necesitará de un equipo para hacer crecer su negocio. Es ahí donde el potencial de la economía social y el emprendimiento en grupo toma todo su sentido. Hay que fomentar valores como el trabajo en equipo, entendiendo como equipo a un grupo de personas que compartan los mismos valores. Personas que coloquen por delante de sí el negocio y el grupo y que de manera permanente alimenten con nuevas ideas, creatividad, racionalidad, experiencia y mucho trabajo el proyecto empresarial.


Pues todo esto lo tenemos que empezar a hacer ya desde la escuela.

Pepe Albors                         p.albors@fevecta.coop

jueves, 14 de febrero de 2013

¿SABEMOS TRABAJAR EN EQUIPO EN LAS COOPERATIVAS?


Las cooperativas por definición son empresas participativas, democráticas, donde las personas que trabajan en ellas cooperan y trabajan en equipo, pero ¿es esto realmente así en la práctica diaria de nuestras cooperativas? ¿Aprovechamos realmente la potencialidad y las oportunidades que nos brinda la fórmula cooperativa para trabajar en equipo? ¿Somos capaces en las cooperativas de convertir en ventaja competitiva nuestros principios cooperativos? ¿Somos capaces de hacer equipos sinergéticos de alto rendimiento?

La realidad es que creamos cooperativas o entramos a formar parte de ellas y se presupone que ya debemos saber trabajar en equipo, y que desde los presupuestos de la participación en igualdad que consagran las leyes y principios cooperativos, el trabajo en equipo y la armonía del mismo vendrán por sí solos. Desafortunadamente esto no es así y la realidad nos demuestra que para trabajar bien en equipo hay que aprender y también hay que desaprender, especialmente malas prácticas y rutinas improductivas.

Si queremos ser empresas cooperativas que hagan de sus valores una verdadera ventaja competitiva, que nos sirva para ser empresas líderes en los sectores y ámbitos de actividad donde desarrollamos nuestra actividad económica, debemos aprender a trabajar realmente en equipo.



El trabajo en equipo en las cooperativas es algo consustancial a la misma, pero al mismo tiempo es diferente al de otras empresas no participativas o de capital. Los procesos de toma de decisiones y los procesos de ejecución de las decisiones tomadas son distintos. Por una parte, el proceso de toma de decisiones en la cooperativa es democrático y participativo, y el proceso de ejecución de las decisiones tomadas no se puede hacer sólo en base a la Autoridad y el Poder, aunque éstos estén totalmente legitimados y sean democráticos, sino que hay que utilizar más la capacidad de influencia y liderazgo, para hacer que las cosas que hemos decidido hacer, se hagan de forma realmente satisfactoria y sin generar conflicto.

Los conceptos de Autoridad, Poder e Influencia no suelen estar bien conjugados en la cooperativa. Para ello vamos a tratar de dar una definición de estas palabras en términos organizacionales que nos ayuden a conjugarlos adecuadamente en aras a conseguir un verdadero trabajo en equipo.

La autoridad está relacionada con el concepto de legitimidad, lo que hace que lo requerido sea aceptado por las personas socias.

La máxima autoridad en una cooperativa la tiene la asamblea soberana y es ella la que elige al órgano de gobierno que es el Consejo Rector, quien detenta el Poder de gobierno de la sociedad.

El Consejo Rector nombra normalmente a la persona que se hará cargo de la dirección y esta persona a su vez elegirá a su equipo directivo, que será responsable de las distintas áreas de la empresa cooperativa.

La dirección y su equipo son los responsables de ejecutar las decisiones que emanan de la Asamblea y/o Consejo Rector, y es ahí donde debemos tener personal directivo capaz de utilizar la Influencia para la ejecución de las decisiones. En este sentido, definiremos influencia como la capacidad que tiene la persona para conseguir que alguien haga algo sin utilizar la autoridad ni el poder. Por lo general la influencia nace de la información que convence a la persona que deseamos dirigir para que actúe de la forma deseada.

En una empresa cooperativa es muy difícil llevar a cabo las cosas a través del ejercicio de la Autoridad o el Poder. Se ha de tener como comúnmente se dice, mucha mano izquierda para ejecutar las decisiones tomadas sin herir ningún tipo de susceptibilidad.

Se ha de crear un clima de ganar-ganar, es decir, que todas las personas socias sientan que ganan. Este clima no puede existir eternamente, a corto y largo plazo. Es normal que en un momento dado las personas crean que existe una situación ganar-perder y de desigualdad en el seno de la cooperativa.

Por eso es importante que las personas socias continúen estando comprometidas con la cooperativa a largo plazo. Por ese motivo deben percibir que la cooperativa también está comprometida con cada uno de los socios a largo plazo. Deben tener una visión de la cooperativa en la que los aspectos ganar-perder del corto plazo queden eventualmente compensados por una situación ganar-ganar. Tienen que saber que los sacrificios que están haciendo ahora tendrán más adelante su recompensa. Así realmente se conseguirá un buen trabajo en equipo.
 
 
Pepe Albors                            p.albors@fevecta.coop
 

viernes, 1 de febrero de 2013

EUROPA BUSCA EMPRENDEDORES


Por primera vez hay en Europa más de 25 millones de personas sin empleo, según fuentes de la Unión Europea, y crece la preocupación por la dificultad existente para recuperar los niveles de competitividad anteriores a la crisis. De hecho, en España, con un 26% de la población activa en paro, tenemos casi tantos desempleados y pensionistas como trabajadores en activo -Los nueve millones de pensionistas y los seis de desempleados se acercan cada día más a los 17 millones de ocupados-. Estas cifras arrojan un panorama desolador y preocupante por las consecuencias económicas y de precarización de la cohesión social de la ciudadanía.

Desde algunos sectores se invoca la necesidad de continuar ahondando en la moderación de los costes laborales (o sea de los salarios) y de avanzar en la flexibilidad laboral aún más para ser más competitivos, lo que puede suponer ajustes de jornadas, flexibilidad de horarios y, nuevamente, reducciones salariales. Y todo ello, sumado a la pérdida de derechos laborales que la clase trabajadora ya arrostra tras la entrada en vigor de la nueva legislación laboral.

Todo esto suena a más precariedad se tenga o no se tenga empleo. El mensaje es: Como las cosas van mal, si quieres trabajar, hay que apretarse el cinturón. Protestar no tiene sentido. Es tiempo de trabajar, no de quejarse. Si no, mira a los que no tienen empleo y agradece tenerlo.

No crean, esos mensajes acaban calando en la ciudadanía. Pero, frente a eso también cabe adoptar otras actitudes, optar por otras formas de actuar, cambiar de planteamientos.  

Desde luego como ciudadanos, debemos exigir a nuestros políticos mayor altura de miras y mayor competencia para solucionar la crisis sin que ello suponga una fractura del cuerpo social, que ahonde en las diferencias entre personas o colectivos de manera vergonzante. Hay que exigir que se implementen medidas reales para revertir el escenario económico actual de acuerdo a una política pensada y orientada a hacer sostenible nuestro sistema productivo.  

En este punto, la Comisión Europea (CE) ha dado un paso importante. Hace unos días ha presentado su Plan de Acción sobre Emprendimiento 2020, en el que apunta la necesidad de aumentar los emprendedores en Europa. “El emprendimiento es un importante motor de crecimiento económico y de creación de empleo”, dice el informe. Y, por eso, el Plan propuesto plantea una visión renovada y varias medidas de apoyo al emprendimiento, tanto a escala de la UE como de los Estados miembros. Se basa en tres pilares:

1. Educar y formar en materia de emprendimiento para promover el crecimiento y la creación de empresas.

2. Reforzar las condiciones marco para los emprendedores, eliminando las actuales barreras estructurales y prestándoles apoyo en las fases cruciales del ciclo vital de la empresa.

3. Dinamizar la cultura del emprendimiento en Europa: crear una nueva generación de emprendedores.

Sin embargo, la CE detecta en su informe barreras objetivas a la creación de iniciativas emprendedoras en Europa y propone a los Estados miembros medidas para eliminarlas de manera que convertirse en emprendedor, lejos de disuadir a cualquiera, sea una opción atractiva para los ciudadanos y permita volver a crear actividad económica y empleo.
Esta misma semana, la Conselleria de Economía, Industria, Turismo y Empleo ha abierto un período de consulta con los diferentes agentes económicos y sociales para culminar una nueva Estrategia de Política Industrial Visión 2020 en este semestre que, como ha explicado su titular, “se trata de un documento que sentará las bases de una nueva planificación en materia industrial que contribuirá de forma decidida a establecer el nuevo ritmo de crecimiento de la economía valenciana en los próximos años”.

Dicho plan plantea, como ejes fundamentales, recuperar el peso de la industria a través de actividad de mayor valor añadido que genere empleo estable e incorporar de forma explícita el fomento del emprendimiento.

Por tanto, si está tan claro lo que hay que hacer, si existe una coincidencia meridiana por parte de los diferentes centros de decisión política y administrativa ¿A qué tanta demora? ¿A qué tanto recelo por ajustar a las actuales necesidades los esquemas tradicionales de representación y acción de los agentes sociales y económicos?

Hay que empezar a invertir en emprendimiento. Hay que invertir recursos y esfuerzos para aprovechar sinergias. Son muchas las oportunidades que se pueden encontrar en la puesta en marcha de fórmulas de autoempleo. Las cooperativas de trabajo por ejemplo, que desde este mismo mes se pueden constituir con dos socios trabajadores. Es una oportunidad para arrancar muchas iniciativas económicas de manera compartida y en igualdad, y para que los socios trabajadores puedan decidir sobre sus propias condiciones laborales.

Europa busca emprendedores, pero habrá que facilitarles el camino.


Ana Real                           ana.real@fevecta.coop

jueves, 24 de enero de 2013

SINDICALISMO Y ECONOMÍA SOCIAL: CONDENADOS A ENTENDERSE


Después de muchos siglos de evolución, las personas estamos diseñadas genéticamente para buscar el beneficio propio. Pero en esta evolución hemos dado un salto cualitativo, y ha sido  cuando el individuo se ha dado cuenta de que el beneficio propio está en el beneficio del equipo, de la colectividad. Esto ha hecho que el ser humano viva en Sociedad y tienda a cooperar, ya que es más fácil subsistir como individuos si cooperamos.

La clase trabajadora nacida en la revolución industrial se dio cuenta enseguida de que la única forma de combatir  las condiciones sociales–laborales impuestas por la Revolución Industrial y el auge del capitalismo era su unión. En ese momento nace el Sindicalismo con el objetivo de mejorar colectivamente las condiciones de trabajo y  para defenderse de los abusos de los empresarios.

También nace en esos momentos el cooperativismo como una forma diferente de defender a la clase trabajadora, cambiando la dialéctica de confrontación con el empresariado por la de creación de empresas y generación de riqueza desde postulados diferentes.
 


El sindicalismo y la economía social, vidas paralelas que tiene que dejar de serlo

Dice el artículo 129.2 de la Constitución española: “Los poderes públicos promoverán eficazmente las diversas formas de participación en la empresa y fomentarán, mediante la legislación adecuada, las sociedades cooperativas. También establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción.”

Es un artículo que me gusta especialmente, y que da mucho sentido a las posibilidades de cooperación entre la economía social y el sindicalismo.

El sindicalismo tiene como aspiración el que la clase  trabajadora organizada, sea capaz de dirigir la economía y ponerla al servicio de las personas, tal y como sugieren los principios de economía social: “Primacía de las personas y del fin social sobre el capital, aplicación de los resultados en función del trabajo aportado, promoción de la solidaridad interna y con la sociedad e independencia de los poderes públicos”.

El sindicalismo y la economía social, tienen ante sí varios retos:

• Buscar mecanismos de colaboración en los temas de mutuo interés.

• Analizar el papel del sindicalismo y de la economía social en estos tiempos de crisis

• Orientar a los trabajadores/as, ocupados y desempleados, sobre las posibilidades de asociarse en autoempleo colectivo.

Avanzar en estas líneas puede tener traducciones que pueden ser muy positivas, en cuanto a mejora de las condiciones de trabajo, formación de los trabajadores-as, salud y seguridad laboral, avanzar hacia producciones ecológicas, trabajar con criterios de responsabilidad social… Todo ello desde la participación y la implicación de las personas.

Desde la economía social debemos avanzar en profundizar en nuestro modelo de gestión y de hacer empresa. Es probable que en empresas de economía social, que han olvidado sus orígenes, se haya producido también “malas prácticas”, como ausencia de negociación colectiva, explotación de la mano de obra asalariada y, por tanto, ausencia de diálogo entre socios-trabajadores, asalariados, lo que ha contribuido en ocasiones a que haya habido reticencias en colaborar.

Pero una cosa está clara, la economía social y el sindicalismo deben encontrarse de forma efectiva, en la práctica del día a día, no solo en declaraciones de buena amistad. No podemos permitirnos seguir coexistiendo los unos al margen de los otros, porque las razones del inicio del movimiento sindical y de los movimientos asociativo-productivos-cooperativos son muy semejantes y los objetivos siguen siendo muy parecidos; asociar conocimientos, capacidades y recursos por parte de un colectivo de trabajadores/as y que tienen que ver con la sociedad del conocimiento, la investigación y el diseño de proyectos de todo tipo: industriales, de infraestructuras, y también de servicios a las personas y a las instituciones.

 

Pepe Albors         p.albors@fevecta.coop

jueves, 10 de enero de 2013

EL CONFLICTO ESTRUCTURAL EN LA COOPERATIVA


Definimos la cooperativa como una empresa que asocia voluntariamente a personas físicas, y que mediante la aportación de trabajo y capital realizan cualquier actividad económica lícita, con el objetivo de proporcionar a sus socios trabajo en las mejores condiciones laborales posibles.
En este sentido, la cooperativa representa un modelo de empresa en el que los objetivos económicos y empresariales se entremezclan con otros de carácter social. Por lo tanto, una cooperativa tiene una doble dimensión: la social y la empresarial.

La cooperativa es una sociedad formada por personas que son titulares de una empresa, donde trabajan las mismas personas que forman la sociedad.

Hemos de decir por tanto que, si la empresa cooperativa no es capaz de producir bienes y servicios y venderlos en el mercado siendo competitivos, la sociedad cooperativa no tendría sentido, porque la labor fundamental de la empresa es producir riqueza,  y la labor fundamental de la sociedad es decidir el reparto de esa riqueza con criterios democráticos y de responsabilidad social.

Por ese motivo, en la cooperativa no se da el conflicto que se da en la mayoría de las empresas de CAPITAL/TRABAJO, ya que éste no tiene sentido, al ser los miembros de la sociedad y de la empresas SOCIOS TRABAJADORES.
Por el contrario, el conflicto en la cooperativa se da entre SOCIO/ESTRUCTURA.

Desde FEVECTA defendemos que la cooperativa puede convertirse en un paradigma de empresa excelente y competitiva si sabe aprovechar los elementos diferenciadores respecto a otros modelos de empresas. Por ejemplo:
             - La identificación capital-trabajo
            - La participación en las plusvalías generadas: El equipo recibe el resultado de su propio esfuerzo
            - La participación democrática en los procesos básicos de decisión
            - La facilidad de implementar procesos de decisión descentralizados
            - La proximidad de la estructura técnica y la estructura societaria
            - La facilidad para identificar objetivos comunes para el desarrollo de la organización

Para que estos factores diferenciadores sean elementos de competitividad, ha de haber un entendimiento entre los miembros del triángulo COLECTIVO SOCIOS, CONSEJO RECTOR, ESTRUCTURA DIRECTIVA.

La mayor parte de los problemas que se producen en el seno de las cooperativas no son debidos a la naturaleza del hecho cooperativo, sino a la manera de cómo los socios, su estructura y sus consejos rectores funcionan.

El problema radica en que muchas veces estas ventajas competitivas que hemos mencionado, se convierten en inconvenientes:
             - La participación se convierte en “partipacionitis”: todos saben y opinan de todo (como en los debates de TV), las discusiones se hacen interminables pierden nivel técnico, los planes se discuten sin saber del tema, etc.
            - No hay conflicto capital trabajo: hay conflicto socio-estructura
            - La igualdad en la participación se convierte en igualitarismo ramplón: todos a cobrar igual… No hay definición de niveles de responsabilidad
            - El sentido de avance, de reto para garantizar la capacidad competitiva se pierde. Lo más importante es el corto plazo, ganar más, cobrar más retornos. El sentido de la inversión se diluye
            - No hay un cambio en la cultura organizativa: se entra en la cooperativa por una serie de circunstancias, pero ello no supone que uno se haga cooperativista

En definitiva, se quiere tener las ventajas de una situación cooperativa, pero sin asumir los retos y exigencias que supone una EMPRESA COOPERATIVA.

Muchas veces los cooperativistas se olvidan de lo más determinante: No hay cooperativa si la empresa no funciona.


Pepe Albors                     p.albors@fevecta.coop

sábado, 29 de diciembre de 2012

LAS GALLINAS QUE ENTRAN POR LAS QUE SALEN


El título de este artículo, expresión tomada del humorista José Mota, me sirve para introducir un tema que es muy importante empezar a abordar por parte de las cooperativas, para anticiparse a posibles problemas que se pueden dar en el futuro, y me refiero al tema del Relevo Generacional en las cooperativas.

Cuando hablo de relevo generacional, hago referencia a todas aquellas situaciones de transición y renovación de las personas en los diferentes puestos y funciones de las empresas cooperativas, con el fin de garantizar la sostenibilidad del proyecto empresarial y cooperativo.

Hace un tiempo, se realizó en 9 cooperativas de enseñanza un estudio por parte de la consultora HEPTA, en el cual se dieron algunas claves para abordar este proceso y que voy a intentar sintetizar.

En el caso de las cooperativas, debido a que el socio ostenta una doble condición de persona socia y persona trabajadora, el relevo generacional implica mayores consecuencias tanto societarias patrimoniales, como laborales.

El Consejo Rector es el órgano que ha de liderar este proceso, bien por sí mismo, o nombrando una comisión.

En el momento tengamos un porcentaje mayor del 20% de personas mayores de 50 años en la cooperativa, deberíamos empezar a abordar la necesidad de planificar el proceso.

Los aspectos que debe abarcar dicho proceso son, fundamentalmente, los de definir y establecer unos protocolos de actuación, tanto para la entrada como para la salida de las personas socias, con el objetivo de que permanezca en la organización el “saber hacer” de las personas que la abandonan.



PROCESO DE SALIDA

La salida del socio, por la causa que sea, conlleva problemáticas asociadas de tipo económico-financiero, como la devolución del capital social, derechos de los socios sobre el valor de la empresa cooperativa (en este caso suele haber sorpresas y malos entendidos), la actualización de las aportaciones sociales, riesgo de descapitalización de la cooperativa… o problemas societarios y de gestión del conocimiento.

Por eso es importante definir un protocolo de salida, destinado a los socios próximos a extinguir su vinculación laboral con la cooperativa, que contemple los pasos preparatorios que se han de dar para llevar el proceso de la forma más armónica posible y que sea una guía de acompañamiento en el proceso, tanto para la cooperativa como para la persona.

A parte de cumplir con lo que estipulan la ley y los estatutos, también hay que reflexionar sobre cómo podemos personalizar posibles medidas de acompañamiento emocional al proceso de salida (plantear nuevas posibilidades de colaboración, posibilidad de convertirse en Asociado, participación en acciones formativas de preparación a la jubilación, homenajes, actos de reconocimiento, etc.)


PROCESO DE ENTRADA

Definir un protocolo que regule la entrada de nuevas personas a la cooperativa, que contemple de forma secuencial los procesos de integración:

          - Designación de una persona socia veterana como tutora
          - Realización del curso de Gestión Básica Cooperativa (que facilita FEVECTA)
          - Explicación clara de la cultura corporativa y explicación clara de los derechos y obligaciones que tendrá que asumir el nuevo socio, haciendo especial hincapié en la explicación de los estatutos de la cooperativa, así como del Reglamento de Régimen Interno.


Si diseñamos a tiempo y realizamos las actuaciones y procesos de forma eficaz y eficiente, ganaremos el reto de conseguir que el saber hacer –conocimiento acumulado en las personas y, por tanto, su fuente de aportación de valor-,  pase a formar parte del bagaje estructural de la cooperativa como organización en continuo aprendizaje, lo que, con toda seguridad, garantizará la sostenibilidad del proyecto empresarial cooperativo mas allá de nuestra vida en la cooperativa.



Pepe Albors                                   p.albors@fevecta.coop

jueves, 20 de diciembre de 2012

La economía del ‘sentido’ común


En el arranque de la actual crisis económica hubo algunas voces que se alzaron desde el mundo de la economía, la filosofía y la política para denunciar los graves abusos especulativos y los comportamientos poco éticos por parte de empresas y particulares, que habían conducido sin remedio a la situación ya por todos conocida. Esas voces reclamaban un cambio de modelo económico y productivo, que había de inspirarse también en un cambio de los valores que debían regir la sociedad para evitar repetir los mismos errores.

Con el tiempo esas voces han ido desfalleciendo. La vergonzante penuria por la que muchas personas atraviesan no está sirviendo de acicate suficiente para un mayor movimiento social de reivindicación que fuerce un cambio. El capitalismo está fuertemente inoculado en nuestra sociedad, en nuestras relaciones, en nuestro planteamiento de vida. Ha supuesto, es cierto, una gran generación de riqueza en las últimas décadas, pero ha generado también tal desigualdad entre países, entre personas, que resulta difícil defender la sostenibilidad de dicho modelo tal cual hoy lo conocemos dentro de un discurso sincero de responsabilidad social.

El sistema es imperfecto, de eso no cabe ninguna duda. Los discursos que desde las teorías neoliberales sacralizan precisamente la libertad del individuo para labrarse su propio futuro y que denostan la intervención del Estado para corregir los desequilibrios y desigualdades que indefectiblemente el libre mercado genera son los mismos que ahora piden los rescates a la banca. Y este es solo un ejemplo de las incoherencias existentes.



La discusión, sin duda, está servida, pero es en el debate de las ideas donde debemos buscar la respuesta para llegar a algún tipo de acción. Ha de ser un debate con altura de miras, eso sí; no vale eso de rechazarlo sin más porque el poder económico o los mercados no van a permitir que nada cambie, porque también en otros momentos de nuestra historia acabaron por caer otras estructuras en apariencia inamovibles poco antes.

Hace apenas dos años, Christian Felber, profesor de la Universidad de Económicas de Viena, planteó su alternativa a tanto desatino: La economía del bien común, un modelo económico completo basado en la cooperación, que se ha convertido ya en un bestseller (www.economia-del-bien-común.org) en Austria y Alemania y ha logrado ya tres ediciones en nuestro país (con permiso de las dichosas 50 Sombras de Grey). Felber, un maldito loco para unos y un genio para otros, propone hacer converger el capitalismo hacia los valores y principios éticos consagrados en las constituciones de las democracias occidentales como la dignidad humana, la justicia, la igualdad o la promoción y consecución del interés general. Propugna, así, incentivar a las empresas que se comporten de manera más cooperativa, más democrática, más solidaria, más ecológica y responsable mediante ventajas legales, fiscales, en el acceso a contratos públicos, a créditos blandos, etc. Por el contrario, se aplicarían impuestos y aranceles mayores a aquellas que menospreciaran los valores del bien común o produjeran en países o regiones donde no se respetan los derechos laborales básicos, o donde se esquilman los recursos naturales.

Felber llena así de valores la economía, proponiendo otra manera de construir las relaciones económicas, en la que se prima más que el dinero, el beneficio general que se revierte en el entorno. Ya hay 700 empresas que están poniéndolo en práctica y 45 organizaciones cívicas de Austria, Alemania, Suiza, Liechtenstein, Argentina, Honduras, EEUU, Gran Bretaña y España. En nuestra propia Comunidad, Muro de Alcoi, ya se ensayan iniciativas en este sentido. Hay mucho de esto en las cooperativas, a cuyo modelo empresarial podríamos acuñar desde aquí como un modelo empresarial del bien común.

Deberíamos, al menos, pararnos a pensar en todo esto: políticos, empresarios, trabajadores, consumidores, personas... Espolear a nuestros políticos a que sean receptivos a las esencias de este sistema, exijamos como ciudadanos y consumidores un modelo económico más equitativo. Creer en nuestra capacidad para cambiar las cosas y hacer de nuestra sociedad un lugar más habitable para las personas. ¿Acaso no es de sentido común?


Ana Real Sebastián                        ana.real@fevecta.coop